Aquests són alguns testimonis de les víctimes dels bombardejos que van viure quan eren nens o adolescents:

Un día saliendo del cine, nos cogieron y nos hicieron ayudar a recoger muertos. Yo era tan joven… Me dio mucha impresión.

Volví a ordeñar la vaca, y de golpe, al mirar al cubo, parecía que la leche subía arriba, hervía… y entonces aquel gran estruendo.

Mi amiga murió decapitada. Llevaba un vestido nuevo y su madre le había dicho que no se lo ensuciara. Cuando cayeron las bombas, todo el mundo se tendió en el suelo menos ella.

Cuando sonaban las sirenas íbamos a la entrada, bajo la bóveda de la escalera. El abuelo no bajaba nunca. ¡Decía: ‘¡Qué cojones! ¡Si tienen que bajar, me aplastarán igual arriba que abajo!

Pensé: juro que no entraré nunca más en ningún refugio. Si tengo que morir, lo haré de cara al cielo como todos estos valientes que se van al exilio. Suenan las sirenas y ellos siguen andando.

Volvieron los aviones. Todos tumbados en el suelo en el muro. Pasó una camilla con un niño muerto. Yo no soy llorona, y ahora no pararía de llorar. Llevaba unos calcetines de colores y la pierna le colgaba.

                            Foto: Cartagena Puerto de Culturas